
Salutaciones desde mi corazón a los pies de loto del grande… del perfecto… del amoroso… del querido de todos, Bhagavan Baba.
Me corresponde contarles a todos los reunidos aquí a los pies de loto de Bhagavan, jóvenes y viejos, compañeros de viaje al refugio de paz y amor, que él es la joya cimera de la familia Ratnakaram. No es que Dios necesite ninguna introducción a través de alguna familia o algún pueblo, sino que él quiso… y su voluntad definitivamente se tradujo a la acción, traer tremendos mensajes a la totalidad de la humanidad. He tenido la bendición de conocer al abuelo del amado Baba, el patriarca de la familia. Puttaparthi, entonces, era un pequeño caserío y el que haya crecido a tales proporciones con personas agolpándose alrededor de la cantina que atiende a todos durante el día y la noche, un hospital de súper-especialidades, de la clase que no se encuentra en ninguna otra parte, y las tres instituciones educativas, dos para los varones y una tan amorosamente construida para las muchachas porque nosotras también, la comunidad femenina, necesitamos su amor y bendiciones. Nadie comprenderá si contara, si describiera cómo era Puttaparthi. Pero hay una cosa que yo nunca podré olvidar, y es la maravillosa santidad, serenidad, simplicidad que era Puttaparthi entonces a mediados y finales de los 40.
Más de una vez el gran patriarca, abuelo de Bhagavan Baba venía a ver a su divino nieto. ¡Qué visión para los dioses! ¡Bendita soy en verdad de haberlo visto! Él era el perfecto jefe de pueblo, alto, enjuto, recto, digno; definitivamente perfecto para ser el abuelo de la divinidad… y él sabía que su nieto era Dios mismo. He visto la interacción entre el abuelo y el pequeño nieto. En aquellos tempranos años, Swami solía ser hermoso; no es que él no sea hermoso ahora… pero entonces, él era tan joven, en sus años 20, Baba era muy hermoso. Él solía caminar tan animadamente, tan vivamente, y al mismo tiempo, no podía uno aventajarlo. Él era Dios. Nosotros tenemos nuestros límites. Él nos enseñaba y entrenaba en cómo comportarnos tanto en la vida secular como en la religiosa, ya que como no hemos abandonado nuestros hogares e ido a la selva… estamos todavía en el mundo… y debemos comportarnos apropiadamente aun en el mundo. Baba nos enseñaba hasta esto.
Así que el abuelo solía venir, y no aceptaba ningún apoyo. Él sólo tenía un palo en la mano, derecho, recto. Cuando lo vi él tenía alrededor de 110 años. Y tan pronto como él llegaba, la gente le ponía una silla. Para aquellos que vieron el viejo Mandir entonces, había una veranda cerrada en la parte de adelante desde la cual entrábamos y de allí se entraba al pequeño sanctus. Traían una silla para él y se avisaba a su divino nieto. Pero, desde luego, Swami sabía que él había venido. Swami solía venir tan amoroso como si él hubiera estado esperando a su abuelo. Recuerden, desapegado y al mismo tiempo amoroso. Ésta es la lección que debemos aprender, embeber y practicar. Pero, en todo momento, ¿cómo podemos combinar el desapego con el amor. Allí está el supremo ejemplo. Nuestro amado Bhagavan solía venir con el abuelo como si le importara mucho a él. He visto la interacción entre el abuelo y el nieto. Él era tan tierno con su pequeño nieto, hablando con él. Baba solía sentarse a su lado acercando una silla. Y nosotros observábamos el brillo que había en la cara del abuelo. Él era todo felicidad, todo bienaventuranza. Baba solía ser muy cariñoso con él. Después de un tiempo, él se levantaba sin ayuda. Él tenía la chispa de la divinidad en él porque Bhagavan había decidido que él naciera como su nieto, que iba a ser el maestro, el gran maestro, el divino maestro, el amoroso maestro, el profundo maestro del mundo entero. Él sabía que su nieto era eso. Por esto su corazón fluía hacia él, pero al mismo tiempo, podíamos ver que él nunca trató de tomar ventaja de Bhagavan. En la interacción existe aún ahora, como si la hubiera visto ayer. Yo siempre me digo cuánto he sido bendecida… cuánto soy bendita! En verdad tan bendecida de haber visto al gran patriarca de la familia Ratnakaram. Entonces, él regresaba recto, muy confiado, con el sentimiento de haberse encontrado con su divino nieto, se podía ver la gran satisfacción allí en su cara.
En estos día modernos de civilización, de sofisticación, de ir a los Estados Unidos para aprender mucho más… para aprender qué? ¿Aprendemos acerca de la divinidad? ¿Aprendemos cómo debemos conducirnos de manera de vivir en paz en el mundo? ¿Se nos enseña allí que el tocar el polvo de los pies divinos es el cielo mismo? Vamos buscando en un callejón sin salida. No hay absolutamente nada más allá y regresamos frustrados. Entonces empezamos a pensar cuando ya es demasiado tarde. Solamente si empiezan a temprana edad que cuando lleguen a mi edad habrán alcanzado la proximidad absoluta de los divinos pies de loto. ¡Que Bhagavan los bendiga con su maravillosa experiencia porque yo la estoy relacionando toda a la gran familia, la familia apropiada, como fue ordenado por él que él debía nacer en esta gran familia.
He visto al benevolente padre, Venkama Raju Garu. ¡Qué persona tan maravillosa! El padre también era alto y delgado, él también era una persona prominente en la aldea. ¡Cuán sencillo, cuán genuino, cuán amoroso! Ni un poco de ostentación en ninguno de ellos, y sin embargo, Venkama Raju Garu fue el padre de Bhagavan Sri Sathya Sai Baba. Era una muy pequeña aldea como dije y en aquellos días no había tiendas para atender a los devotos que solían venir y tenían que cocinar sus propios alimentos. Ahora es un milagro ver las cantinas, como están creciendo día a día. Venkama Raju Garu era tan bondadoso con los devotos, él conocía las dificultades. Así que él obtenía una gran cantidad de provisiones de Bukkapatnam. Él tenía una pequeña tarantín cerca. Aprendamos de él. A cualquier devoto que llegaba a él, él le preguntaba amorosamente: “Eem kavali meeku” (¿Qué desea?) Él hablaba con tal gentileza y respeto. Hasta a mí él solía decir: “Amaya, Eem Kavalamma? (Madre, ¿qué desea?) ¿Quién era yo? No era nadie. Él era el padre de la divinidad, pero tan sencillo. Solíamos tocarle los pies. Mi padre lo quería mucho. Era mutuo. Nos asombraba su simplicidad. Nosotros, de la ciudad, con toda la sofisticación no podemos medirlo. Viene directo del corazón. No viene de la mente en absoluto.
Un día, mi padre le preguntó: “Venkama Raju Garu, Me Koduke Devudu Aaupoyadu Kada, mari meeku Elaganipisthundi” (Tu hijo se ha vuelto Dios, ¿no es así? ¿Cómo te sientes por aquello?). La misma cara serena, esta fue su respuesta: “Vital Rao Garu, Vadu Devudu Aayipoyadandi, Nake Kadu Andariki Devudu! (Sí, él se ha vuelto Dios. Él es Dios no solamente para mí, sino para todo el mundo). ¡Qué maravillosa respuesta! Cómo estaba reconciliado con la situación de que su amado hijo era no solamente para él, sino para el mundo entero y para toda la humanidad. Esto podía destrozar el corazón de cualquier padre el pensar que el hijo está alejándose de él y saliendo a la humanidad entera. El gran Venkama Raju Garu había comprendido el valor de su hijo, había comprendido el secreto de la divinidad de su hijo.
Ahora, Prashanti Nilayam ha crecido en tan enormes proporciones. Esto podría ser una muy pequeña réplica del cielo. Una vez más, déjenme reiterar la sencillez de Venkama Raju Garu, dignidad que no he visto en ningún individuo moderno. Hablo la verdad. Conocí a la divina madre Ishvaramma también. Había amor mutuo entre nosotras. Yo la amaba porque en su cara había un brillo tal que no podrán encontrarlo en ninguna parte en el mundo entero, en ninguna cara sofisticada. Sea lo que sea que uno podía poner en su cara, no podía igualar el brillo de la cara de ella. Lo he visto yo misma. Ella era tan sencilla como una niña. En la fila de casas de Prashanti Este, mi padre obtuvo una casa pequeña. ¡Pueden pensar en su sencillez! La divinidad era su hijo. ¡Cuán sencilla era ella! Ella venía a nuestra casa y, desde luego, todos nosotros le tocábamos los pies. Yo me alegro tanto de haber tenido esa oportunidad. Ella se acercó a mi padre y dijo: “Vital Rao, Swami, “Pedda PEdda Bhashanalu istharu Kada. Vadu Chaduvukoledu Kada. Sarigane Cheputada?” (Swami da muchos discursos, ¿habla él correctamente? Yo pregunto por qué él no ha estudiados los libros.” ¡Qué le decíamos a esa inocente madre! Ella estaba tan preocupada acerca de su hijo. ¡Ella sabía que él era divino, pero tenía tal preocupación! Desde luego, nosotros apenas podíamos comprender y sondear el significado de las maravillosas cosas que Swami solía decirnos ya en aquellos días.
Un incidente me viene a la mente. Allá en 1951, Baba no había dado discursos en público aún. Ese día, él llamó a los devotos hombres y dijo: “Instalen una mesa para mí, voy a hablar”. Todos estábamos embelezados. ¡Cuánto nos ha dicho él, una y otra vez, desgastándose en ello! No quiero ponerme sentimental sobre ello. Pero me rompe el corazón. Nosotros que hemos visto a Baba caminando tan rápido por todas partes. Ahora él está sufriendo por el bien de la humanidad. ¿Qué podemos hacer? No podemos hace nada. Sólo poner nuestros manchados corazones a los pies de loto y orar, “Swami, no sufras por nosotros. No lo merecemos”. Eso es lo que yo siento todo el tiempo. Ese día Swami pidió que trajeran una mesa. Se puso un micrófono en la mesa. Baba era joven entonces. Recordemos lo que él dijo, a esa temprana edad. La sabiduría y el amor que derramó, unidos. Baba tiene sólo amor y amor y amor en él. Lo puedo afirmar y si ha de ser pregonado a todos los vientos, estoy dispuesta a hacerlo. Oh, si tengo que tomar un megáfono y se me pide que vaya a todos los países a contar que hay un maravilloso pequeño Dios con nosotros… nuestro gran Dios, que es la misma encarnación… ¡oh vengan, vengan, vengan y véanlo y experiméntenlo, yo puedo definitivamente hacerlo porque yo tengo la convicción. Yo le he conocido cuando yo era una joven muchacha. Baba es una maravillosa mezcla de gracia y estabilidad. Él es a la vez femenino y masculino. Éstos son los atributos de Dios.
Él llegó. Claro está, que ninguno de nosotros dudara de que Baba pudiera hablar bien. Todos estábamos esperando, conteniendo el aliento. A todos ustedes devotos, jóvenes y mayores, si les digo lo que él dijo ese día, hará que se les paren los pelos de punta. Él sólo golpeó duro la mesa y dijo: “Recuerden, yo soy Dios”. Absórbanlo. Muchos de nosotros no podemos comprenderlo porque no conocemos a Dios, no amamos a Dios y si Dios fuera a venir y decir: “Yo soy Dios” quedaríamos ciegos ante la realidad. Éste fue el primer anuncio, la primera declaración. El segundo anuncio, él golpeó de nuevo: “Yo soy los Upanishads”; el tercer anuncio: “Yo soy los Vedas”; el cuarto anuncio: “Yo soy las escrituras”. “He venido por el bien de la humanidad”. Y luego, dijo: “Recuérdenlo, ¿por qué están vacilando? Yo no tengo nada personal en lo que yo les digo. Es para su beneficio. Desechen todas sus dudas, todas sus vacilaciones. Vengan aquí y traten de llenar sus brazos a plenitud. Las maravillosas enseñanzas, las maravillas que ven no están confinadas sólo a como podemos pensar, los rituales religiosos, sino a una combinación de lo que la humanidad es en su totalidad, el corazón, la cabeza, el intelecto, todo.”
Él dijo: “Recuerden esto, son las mismas personas que vienen a mí, me adoran y me ofrecen dones, que después de un tiempo, hablan mal de mí. Esto no me afecta. Si me dan algo a mí o no me ofrecen nada, no hace ninguna diferencia”. Cosas hermosas, nos dijo él ese día, el joven Baba. Hasta la fecha, yo recuerdo el Mandir de 1951. Algunas de las cosas se graban en nuestra memoria de una manera indeleble. Éstas son las escrituras que debemos atesorar, las escrituras Sai.
Hubo otro incidente que involucraba a una anciana dama brahmín. Esto fue de nuevo en 1951. Ella era muy insistente en que dondequiera que se encontrara, en seguir los rituales brahmínicos. Era Ekadasi (el undécimo día de una quincena) y ella ayunaría todo el día. Ni siquiera tomaba una gota de agua. Ella solía quedarse en las casas de bambú temporales detrás del Mandir. Ella era tan insistente y algunos la llamaban hasta rígida. Su esposo era un gran científico y si ella tomaba un baño y llevaba lo que llamamos el sari madi, ella ni siquiera le servía a su esposo. Ella le tiraba la comida en su plato. La gente solía reírse de ella. Cuando Baba iba para ese lado del Mandir en aquellos días, con mucho amor ella preparaba algo y se lo ofrecía a Baba. Ella lo ponía allí y ni siquiera tocaba los pies de Baba, porque ella estaba en madi. Así que la gente pensaba ¡Qué extraña criatura era ella! Pero, les cuento, Baba no ve lo exterior, amados jóvenes y mayores, Baba ve lo interior, lo que somos realmente.
Un día, era Ekadasi, y como era costumbre tuvimos bhajans durante un buen rato. Se seguía la disciplina estricta, las damas de un lado, los hombres del otro. Baba entró, se sentó en su sillón y preguntó: “¿Dónde está Janakamma?” Ella estaba sentada lejos de la multitud porque era Ekadasi. Ella estaba con las ropas de madi, nadie podía tocarla. Baba con su compasión nos pidió que nos moviéramos y le hiciéramos un lugar para ella. Lo hicimos y él le pidió que viniera y se sentara cerca de su sillón. Ella lo hizo. ¡Qué amor! ¡Qué amor! Es algo que uno debe experimentar.
Él le preguntó: “Hoy es Ekadasi, ¿no es así?” Ella dijo: “Sí, Swami”. “¿No has comido nada?” “No, Swami”. Entonces él dijo: “En la tarde de un Ekadasi, ¿qué harías?” Ella dijo: “Swami, yo iría al templo donde hay personas eruditas o el sacerdote y contaría acerca de los Puranas y de las grandes historias de Dios. Yo iría allí y lo escucharía”. Swami dijo: “¿Es así? Siéntate, yo te contaré la historia de Dios”. ¡Qué hermoso fue!... Y la gente se reía de ella, diciendo que ella estaba loca, que era rígida. El Gita nos dice que todo lo que hagamos, lo hagamos con sinceridad, que eso es suficiente. No necesitamos pedir ninguna aprobación de otros. El corazón debe estar puro y el amor por Dios absolutamente transparente y sincero. Esto es lo que Bhagavan Baba nos dio, santísimas oportunidades de aprender que él era quien estaba detrás de todas estas cosas. No le importaba ninguna religión a Swami; solamente la religión del amor. Cada religión dice lo mismo. Trata a todos como a tu hermano, a la humanidad entera como tus parientes en cada etapa, en cada paso. Él nos enseñó estas cosas con su propio ejemplo. Bhagavan pone el ejemplo. Él no está enojado con ninguno de nosotros. Un predicador ordinario es muy apegado de sí mismo, y si no le escuchamos, su ego se resiente. Pero Bhagavan, no tiene ego. Él ha venido para amar y servir a la humanidad, para enseñarnos qué es el amor, el amor sin mácula y puro.
En una instancia Bhagavan nos dijo. En una entrevista, había un individuo. Constantemente estaba poniendo rapé en su nariz. Naturalmente, la gente que usa rapé tiene un gran pañuelo. Él solía soplarse la nariz en su pañuelo que quedaba todo manchado. Baba lo miró y dijo: “Ves, no se ve bien. Te estás soplando la nariz y ensuciando tu pañuelo. No, no, no. Déjalo, déjalo. No es bueno para una persona de tu condición, de tu edad. Así, él cesó. ¡Oh! ¡Qué maravilla! Entonces, Baba solía comer hojas de betel en aquellos días y se limpiaba la boca con el pañuelo blanco. Había leves marcas en el pañuelo blanco. No hubo siquiera reflexión. Instantáneamente, allí mismo, la divinidad resolvió que él nunca más volvería a comer hojas de betel. Qué él tenía que hacer lo que nos pedía hacer… lo que debíamos aprender. No es que en un día de año nuevo o un día santo, debemos recordar estas cosas maravillosas, estos ejemplos que Baba nos ha dado.
Hablamos de ascetismo; hablamos de dejar esto, dejar aquello. Es la pureza del corazón, la intensidad del amor, el pensar en Dios todo el tiempo y en su belleza. Ese es el único camino hacia Dios. No necesitamos llevar harapos. No necesitamos decir, he dejado esto, he dejado aquello. No es el dejar cosas mundanas lo que importa, sino el dejar los malos pensamientos, los pensamientos negativos dentro de nosotros. Todo es Dios. ¿Por qué vemos la diferencia? Porque la tenemos en nuestra mente. Debemos ir más allá, como dice Bhagavan, más allá de estas dualidades y comprender que él dice: “Todo es Dios”. Baba dijo: el mundo entero es Dios. Esto es lo que Prahlada le dijo a su padre, Hiranyakashipu… Y cuando Hiranyakashipu preguntó: “¿Está Dios en este pilar?” “Sí padre”. Así que Hiranyakashipu golpeó el pilar y de allí salió Narasimha Swami. Tenía una forma tan horrible que Hiranyakashipu no pudo soportarlo. Pero, Prahlada vio. Él vio a Dios mismo. Él fue y abrazó esa terrorífica forma. Yo no soy capaz de ver a Dios sino en su forma física aquí porque mis ojos están cubiertos de cataratas. Si pudiera remover esa catarata que ciega mi visión, yo podría ver al universo entero como Bhagavan Baba. Yo oro por que lleguemos a esas alturas de meditación, oración y amor, para que en todas partes podamos verle. Ese es el único cielo; esa es la única bienaventuranza; esa es la única cosa por la que debemos trabajar y vivir. Todos ustedes lo saben; no necesito decirlo. No hay nada en ganar más y más dinero; no hay nada en ansiar por cada vez mayor estatus; no hay nada en sentir que debo ser un gran intelectual y lograr esto y aquello; nada en decirnos a nosotros mismos que debemos ser un gran maestro religioso… ¿Para qué? Todo lo que importa es que yo soy la hija de Dios; yo soy la sirviente de Dios… basta. Que él me ame y que yo le ame. Ese es suficiente paraíso. Todas estas cosas materiales simplemente no importan. Podría decir: “He alcanzado esta edad y he llegado a esta conclusión”. No, he estado a los pies de loto a temprana edad. He comprendido lo que el grande está tratando de impartirnos. Él quiere que cada uno de nosotros sea feliz.
Un incidente muy causal cuando él vino a nuestra residencia… Todas estábamos en la sala del personal docente. Baba solía venir con nosotros a menudo, muy casualmente, y como lo cantó Mira en su bhajan “Andanalum Vandidado Brindavanatil, Kannan Valarthan” (Quisiera que volvieran aquellos días cuando el niño Krishna crecía en Brindavan). Aquellos días, cuando él venía a Anantapur, tan casualmente, sin previo anuncio, él se sentaba en el salón del personal, nos hablaba; no como una gran divinidad, sino en términos de iguales. Yo me preguntaba: Baba me ha colocado aquí, cuánto puedo hacer para responder a su confianza en mí. Algunos niños pueden ser muy traviesos. A veces no saben, no es que lo hagan a propósito. Yo lo sé ahora. Todos tienen corazones inocentes. A veces son inmanejables. Así, cuando Baba estaba sentado allí, él me preguntó: “Jayamma, Andaru Bagane Unnara Pillalu? Bagana Anni Chesukuntunura? (¿Están todas las niñas bien? ¿Les está yendo bien?) Ignorante como yo era, yo dije: “Swami, Andaru Bagane Unnaru, Kani kondaru Koncham Vinatamledu (Todo el mundo está bien, pero algunas no están escuchándome.) La respuesta inmediata fue: “Evaru Chedavaru undaru, Mana Drishti, Andaru M;anchivalu (Nadie es malo, lo bueno y lo malo está en tu visión. Todo el mundo es bueno.) Ese es un mensaje para todos nosotros. Sean buenos, hagan el bien, vean lo bueno. Ese es el mensaje de Bhagavan. Todo lo que el Vedanta, todas las escrituras, todo lo que
Se han escrito volúmenes acerca de los grandes avatares Rama y Krishna y lo que hicieron cuando pusieron sus divinos pies sobre la tierra para redimir y amar a la humanidad. Como dije, fue Bhagavan el que quiso que yo viniera a él a temprana edad. Bendita, bendita, tremendamente bendita me considero. No necesito nada más.
En aquellos días, el viejo Mandir era un edificio muy pequeño. Todos lo hemos visto. Ahora, desde luego, está muy cambiado. ¿Podemos concebirlo? Nos imaginamos tronos engastados de joyas especiales, gente sentada a sus pies y abanicando al rey y los que están alrededor cantando canciones a su gloria. ¡Pero el gran Dios vivía en ese pequeño Mandir! Era una construcción muy burda de piedra y el frente tenía una veranda, donde ahora se realizan los matrimonios. A sólo unos pocos pasos de allí está el sanctasánctorum, donde se habían instalado con todos los rituales religiosos y ceremonialmente la imágenes de Baba y de Shirdi Sai Baba. Allí era donde algunas de nosotras, las damas, dormíamos y los hombres dormían en la veranda exterior. Mira cantó: “Oh que estos día de Brindavan volvieran de nuevo?” Bien, yo también siento lo mismo.
Él solía llevarnos a todos nosotros, hombres, mujeres, jóvenes y viejos a las arenas del Chitravati. Era casi cada día. ¿Cómo puedo describir cómo era Puttaparti? No había la obstrucción de todos estos edificios. Era sólo verde por todas partes, árboles altos, que habían crecido del suelo del sagrado Chitravati, tan verdes, tan frescos, tan hermosos, tan reconfortantes para la vista. Solíamos ir, no éramos tantos. Baba solía caminar delante y nosotras damas, desde luego, nos manteníamos a un lado y los hombres del otro lado. Era una experiencia maravillosa en la que Baba nos llevaba directo a las orillas del Chitravati. El atardecer es un momento muy hermoso y nos encantaban las miríadas de sombras del sol a través de los árboles. Caían sobre los hermosos pies de Baba cuando caminaba por las arenas del Chitravati. Allí solía él sentarse. Él seleccionaba un lugar, todos nosotros nos sentábamos y de nuevo de acuerdo con la disciplina.
Hay tanto que decir, pero Bhagavan me pidió que relatara uno o dos incidentes. Leemos acerca de los diez Avatares. Los hemos visto en imágenes pintadas por muy buenos artistas. Cuando las vemos, hacen una impresión en nosotros. Y nos preguntamos: ¿por qué Dios ha tomado todas estas formas? Ustedes y yo no podemos entenderlo. Él está tratando de decirnos que él está en cada creación y que él ha otorgado al hombre el mayor don de inteligencia y discernimiento. Fue en un día tal, ya en la tarde, casi anocheciendo, estaba casi oscureciendo. Estábamos todos allí, y de repente Baba desapareció. ¿Dónde está Swami? ¿Dónde está Swami? Porque en aquellos días esas colinas tenían muchos árboles y se nos había dicho que podía haber leopardos y tigres en esos bosques. Baba era pequeño y delicado. ¿Dónde está Swami? ¿Dónde está Swami? No lo podíamos encontrar. Pero oímos su voz desde el tope de la colina. Allí está todavía hoy. “Miren aquí”, dijo él, con una voz estentórea, la voz de la divinidad que puede alcanzar hasta la periferia de la eternidad. Y atontados, asombrados, sólo tratamos. Estábamos mirando hacia la colina viendo una brillante y cegadora luz. El panorama de todos los diez Avataras pasaron uno a uno, como si, diría, fuera una pantalla de plata. Cada uno de ellos perfecto, estábamos parados asombrados, no petrificados, pero viendo todo esto con tal asombro. Finalmente, apareció la imagen de Bhagavan en un brillante halo de luz. ¡Oh! Entonces conocimos al director detrás de todo esto. Supimos que eso había sido su voluntad. ¡Oh ustedes los devotos! ¡Oh ustedes los seres humanos! Recuerden, yo soy el creador, yo soy el uno que les ha presentado todos los varios aspectos de mi creación.
Entonces, apenas habíamos salido de esta maravillosa experiencia, estábamos casi pegados en el sitio, Baba estaba de nuevo entre nosotros. ¿Cómo había podido él venir de esa colina?… como un relámpago. ¡Él estaba entre nosotros! Y él nos habló casi casualmente como si él no hubiera sido él el que había hecho todas estas cosas. Él era justo el pequeño Sai Baba del viejo Mandir. Así era nuestro Swami. Sin ostentación. Sin autoglorificación. El tremendo poder que está en la naturaleza sin ostentación de la divinidad. Y en otros momentos, él nos enseñó tantísimas otras cosas, que si fuera a relatárselas, se volverían una escritura misma.
Esto es la verdad absoluta, créanme. He conocido a Bhagavan, he besado el polvo de sus pies por 57 años… y así, ¿cómo podría decir algo que no fuera verdad? He recolectado las arenas sobres las cuales él ha caminado. Todavía las tengo. Había una dama que recolectaba las arenas del Chitravati sobre las cuales Swami había caminado. Yo no la conocía personalmente, pero después de un tiempo, cuando fuimos con Swami a Bombay (Mumbai), me encontré con esta dama y ella dijo: “¿Sabes, yo recolectaba el polvo debajo de sus pies de las arenas del Chitravati y esto es lo en que se ha transformado”. Toda la arena se había transformado en gemas preciosas. Yo lo he visto con mis propios ojos. Éstas son las cosas maravillosas que he visto. Por lo tanto, siento que el único lugar para nosotros es estar a los pies de loto de Bhagavan Baba, estar en la estrecha proximidad de esta amorosa divinidad, de disfrutar de la luz de su amorosa gracia para redimirnos. Cuando dijo redimir, no quiero decir una fase estática. Sino que, siempre que Dios desea venir al mundo, como lo dice Kanakadasa: “Todos sean testigos, quiero volver contigo una y otra vez”. No quiero quedarme en el cielo por siempre. Quiero venir al mundo siempre que Baba vuelva al mundo, para que yo pueda ver los lilas, para que pueda beber en profundidad la gloria, la divinidad, el amor. Y todo lo que él nos está ofreciendo a cada momento.
Otro incidente quiere contarles de lo que él me ha enseñado. Esto es para todos nosotros. Yo sé que todos nosotros nos sentimos mal de que Baba, que era tan ágil, tan garboso, que parecía etéreo a veces cuando él caminaba, ahora cuando lo vemos caminar, sabemos que él no está sufriendo ningún dolor físicamente. Sabemos nos duele cuando una pequeña piedra nos golpea, cómo sentimos el dolor. Pero, él simplemente no le hace caso. A él no le importa.
¡Amados devotos!
¿Por qué tenemos que viajar al exterior buscando por un modelo para que podamos obtener eminencia y fama? Siéntanse a los pies de la divinidad y aprendan estas preciosas lecciones. En Kodaikanal, tuve la oportunidad, yo reuní el valor… miré hacia Baba y dije: Él se había justo levantado de la silla. Él estaba tan preocupado por que todo estuviera listo para la cena de todos nosotros. Él apenas come algo. Yo lo sé. Cuando él se estaba acercando, yo dije: “Swami, no es difícil para Swami curarse a sí mismo; Swami hace justo esto y todo estará bien”. ¿Y saben cuál fue la respuesta, compañeros devotos? Entró como una flecha en mi corazón. Lo podría escribir en letras de oro y pararme en el tope del Monte Everest mismo y proclamar: “En el mundo entero, Dios es perfección”. Yo lo diré en telugu, será más dulce. “Nenu Mee andariki Mee Jabbalu Nayam Chesthana? Mari Nenu Naku Endaku Chesukuntanu?” “¿Curo yo las enfermedades de todo el mundo? ¿Por qué habría yo de curarme a mí mismo?” ¡Qué ideal! Cuando él vio al hombre del rapé con ese pañuelo, Baba dejó de comer hojas de betel. El sentimiento de que él no nos está curando a todos, de que tenemos nuestros prarabdha karma (resultados de vidas pasadas), no le podemos pedir a Dios que cure nuestras enfermedades que nos hemos traído de vida en vida. Él podría mitigarlas. Pero la respuesta que él dio fue: “¡Si yo no les estoy curando sus enfermedades, ¿cómo puedo curarme a mí mismo?” ¡Esto es perfección! Suficiente… nos sentamos a los pies de loto y nos redimimos y nos llenamos de amor e intensa devoción por Bhagavan Baba, el dulce Señor, el amoroso Dios, un Dios con un corazón expansivo, que llega más allá de la creación. Él siente por todos. Cuando él siente que alguien está tan enfermo y que está en una condición en la que quizás no pueda hacer nada por sí mismo, él va con él personalmente. Pero recordemos que debemos también agotar nuestro prarabdha karma… y con su gracia, cantando el nombre de Bhagavan, los milagros se volverán comunes cuando la divinidad herede la tierra.
Sai Ram
Fuente: www.ssspt.org
Traducción: Arlette Meyer.












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